Soy María Moreno Portillo. Cuatro hijos, veinticinco años dedicada a la comunicación y una colección muy respetable de meteduras de pata.

He estado detrás de grandes eventos por los que han pasado Rafa Nadal, Andre Agassi, Jon Rahm o Sergio García. He organizado un torneo solidario mano a mano con Pau Gasol y su equipo. Y he liderado proyectos que quedan estupendos en cualquier perfil profesional.
Pero si me preguntas por mi mayor logro, la respuesta no cabe en un currículum: soy la madre de los Caruncho.
Cuatro hijos que son mi mayor fuente de aprendizaje, de alegría y —por qué no decirlo— de caos del bueno. Me han enseñado más sobre comunicación que muchos libros y másteres. Y luego está lo de negociar con cuatro hijos a la hora de la cena (comunicación de batalla en estado puro).
Porque también te hablo como profesional. Y esto es lo que hay detrás.
Empecé fuerte. Con 21 años coordinaba la comunicación del entonces Tennis Masters Madrid, hoy Mutua Madrid Open. Una sala de prensa con más de 400 periodistas internacionales y, al otro lado del micrófono, Agassi, Federer o Ferrero.
Después llegó el pádel. Estuve en el nacimiento del circuito profesional que acabaría siendo el World Padel Tour, cuando casi nadie apostaba por él. Y cerré el círculo con el golf, en circuitos internacionales donde competían Jon Rahm o Sergio García.
Uno de mis recuerdos favoritos: organizar con Pau Gasol y el equipo de su Fundación su primer torneo solidario de golf.
Del deporte de élite a la prevención de riesgos laborales. Sí, como suena.
Allí puse en marcha desde cero el área de comunicación de una compañía líder con más de tres mil empleados. Años diseñando la estrategia de comunicación y traduciendo lo complejo: ayudar a directivos, médicos e ingenieros a convertir todo lo que sabían en mensajes que se entendieran y conectaran. De la pista al comité de dirección.
Y allí, sin haberlo planeado, empecé a entrenar a otros para hablar en público. Como era «la de comunicación», todo el mundo dio por hecho que sabría enseñar a hacerlo. Algo sabía, vale. Pero de saber a enseñar hay un trecho. Así que hice lo que haría cualquier MalHablante: me tiré a la piscina y me formé por el camino.
Acabé convertida en mentora de directivos, profesionales y personas de todo tipo para ponerse delante de una cámara, subirse a un escenario o preparar esa presentación que les quitaba el sueño. Ahí empezó, sin saberlo, MalHablantes.
Lideré la comunicación de Open House Madrid, el mayor festival de arquitectura de España. Hice la comunicación de 33 El Musical. He trabajado en proyectos internacionales de cultura, patrimonio y arquitectura, y he diseñado estrategias para organizaciones y marcas que no se parecen en nada entre sí.
Han cambiado los sectores, los escenarios, las personas y los retos.
Pero mi trabajo ha sido siempre el mismo: entender qué hay que decir, para quién y cómo conseguir conectar.
No escribo ni enseño desde el pedestal de quien lo tiene todo resuelto. Lo hago desde mi experiencia y desde mis propias meteduras de pata: las veces que he hablado con más vehemencia que cuidado, o que he entendido demasiado tarde que no basta con tener algo que decir.
Importa para qué lo dices.
A quién se lo dices.
Y cómo decides hacerlo llegar.
Por eso estoy aquí.